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    La lengua de Shakira: Heriberto Villegas

    Opinión

    Breves segundos de un aleteo febril en la boca de la cantante fueron suficientes para dinamitar el terreno del humor (y la polémica), en las redes sociales. Shakira, con su “brbrbrbrbr” en el espectáculo del Súper Bowl, dio ocasión y motivo para el frenesí de lo viral en esta sociedad hiperconectada virtualmente.

    Allá en 1969 vio su nacimiento la red de redes, hoy internet, y se predijo una transformación profunda en la historia de la humanidad: si en la Edad Media las sociedades fueron dominadas por la ignorancia de las masas, producto de la falta de medios para acceder al conocimiento; la revolución de las telecomunicaciones posibilitaría casi cualquier conocimiento al alcance de un clic.

    Así, el acceso a información, antes velada o de difícil acceso para ciertos sectores sociales, sería la puerta y el camino hacia el conocimiento y empoderamiento de las sociedades. La transición de la llamada sociedad de la información a la sociedad del conocimiento (donde la información se usa para generar conocimiento) parecía inmediata y natural. Al fin una utopía posible.

    Pero el camino no ha sido directo, ni homogéneo, ni tan simplista; en el derrotero del aprendizaje colectivo, presenciamos una etapa quizá no prevista en los inicios de internet: la sociedad del entretenimiento, donde las industrias culturales parecen ofrecer un abanico tan amplio de posibilidades que prácticamente cualquier gusto (musical, visual, sensitivo, intelectual, etc.) tiene cabida y atención.

    Si las voces de los apocalípticos acusan el desperdicio de tiempo y recursos al usar los medios digitales para consumir y compartir información banal, trivial, superficial; por otra parte, las voces de los integrados reconocen nuevas formas de socialización y comunicación desde nichos y grupos.

    Cabe bien preguntarnos hacia dónde desembocará la revolución digital que presenciamos, si ¿hacia un mayor control de las masas por medio de la desinformación que causa la saturación de información?; ¿o hacia dinámicas de aprendizaje sin precedentes que permitan a los individuos, grupos y sociedades compartir y construir redes de conocimiento que mejoren sus condiciones de vida? La respuesta, en parte, depende de nuestras decisiones y de nuestros hábitos expresión y de consumo de información; por ejemplo, en nuestras redes sociales y en la calidad de sus contenidos, en su utilidad para nuestro entorno, en su valía para nuestras relaciones.

    Difícil juzgar si la sociedad del entretenimiento es la antítesis de la sociedad del conocimiento o si es su antesala o prerrequisito en su dinámica evolutiva. Mientras tanto, si jugando se aprende, si el conocimiento tiene su parte lúdica, entonces, disfrutemos (con responsabilidad) las posibilidades de entretenimiento que ofrecen las Tecnologías de la Información y Comunicación, disfrutemos la socialización digital, disfrutemos del acceso libre a grandes bancos de información, disfrutemos los tutoriales, disfrutemos los memes y el humor, disfrutemos la lengua de Shakira.

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