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    OpiniónAmlitos chiquitos: Carlos Loret de Mola

    Amlitos chiquitos: Carlos Loret de Mola

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    Adán Augusto López se está volviendo un amlito. Así, chiquito. Rabioso, mentirosillo, bravucón, irritable… pero chiquito. No tiene el empaque político ni la legitimidad del presidente López Obrador. Lo del secretario de Gobernación en las mañaneras es un espectáculo medio penoso que ya había ensayado sin éxito su rival en la candidatura presidencial de Morena, Claudia Sheinbaum: ella fue la primera que experimentó con eso de despojarse de su personalidad para asumir el papel de mala copia del presidente.

    Adán Augusto López entró al gobierno federal con las credenciales de ser un puente entre los exabruptos de su jefe y la realidad mexicana, un operador moderado, una voz tolerante y serena, un interlocutor confiable y sin agenda propia. De eso queda poquísimo. Igual que Claudia Sheinbaum, que arrancó su administración presentándose como una izquierdista moderada, científica, capaz de marcar distancia de las locuras de Palacio en temas tan importantes como el manejo de la pandemia. Cuando Morena perdió la Ciudad de México en 2021, Sheinbaum cambió de disfraz, desdibujó su perfil y optó por ser la versión chafa de su jefe.

    Adán Augusto López y Claudia Sheinbaum han de calcular que así elogian al presidente López Obrador. Que así van a ganar el dedazo para el 2024. A lo mejor tienen razón y llegarán a la conclusión de que vale la pena el ridículo.

    En las dos mañaneras que lleva Adán Augusto López, a consecuencia del padecimiento médico del presidente López Obrador, hemos visto a un secretario que, despojado de cualquier gracia natural, apuesta por el manotazo, el buscapleitismo, la repetición de frases ajenas y -sello del atril donde es suplente- las mentiras. Nada más ayer insultó a la Corte, desacreditó al INAI, despreció a los medios, se hizo guaje con los señalamientos de vínculos de su equipo con el narco. Repitió la fórmula, pues.

    Dijo sobre el audio que revelé en esta columna de una reunión privada que tuvo con sus senadores: “la verdad yo no me ocupo de escuchar esas cosas, pero quienes la han escuchado y por lo que me han comentado, pues entiendo que hay evidentemente una edición, y se falseó o distorsionó el contenido de una conversación privada que yo tuve con los senadores”. O sea que no lo ha escuchado, pero está editado. Bueno, hasta López Obrador cuando le preguntaron hace unos días del audio de esa reunión fue más sincero y lo validó: “yo siempre he sostenido lo mismo”. El secretario sabe que miente. Sabe que el audio es real. Que no está editado. Que no está falseado ni distorsionado. Sabe que es la fiel grabación de la línea que fue a tirar a sus senadores, cuando se disponían a nombrar comisionados del INAI para que no quedara inoperante: el “mundo ideal” del presidente es que no funcione el instituto de transparencia. El gobierno entero ha operado en esa dirección: el presidente, su ministra en la Corte, el secretario de Gobernación, su bancada en el Senado.

    SACIAMORBOS

    A este ritmo, dos mañaneras más y ya va a decir que es el secretario de Gobernación más popular del mundo.

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