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    OpiniónEdomex: el conflicto poselectoral que viene: Darío Celis

    Edomex: el conflicto poselectoral que viene: Darío Celis

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    SI LAS ELECCIONES en el Estado de México fueran hoy, diez días antes, Delfina Gómez, de Morena, le ganaría a Alejandra del Moral, del PRI-PAN-PRD, con apenas 3.2% de diferencia.

    Alejandra hoy tiene asegurados 2 millones 350 mil votos, contra 2 millones 750 mil de Delfina: 400 mil votos las separan. La próxima semana va ser definitoria, y lo sabe el gobernador Alfredo del Mazo Maza.

    La Alianza Va por México apuesta a que en el Edomex se repita lo de junio de 2021 en la CdMx, cuando la población dejó la apatía y ejerció un voto de castigo contra Morena y Andrés Manuel López Obrador.

    Cuautitlán, Tlalnepantla, Atizapán, Naucalpan y Huixquilucan, el corredor azul de la clase media que representa unos 600 mil votos, votará por Del Moral, con todo y los liderazgos panistas entregados a Morena.

    Y saldrá el próximo domingo 4 de junio esa misma clase media aspiracionista, harta, lastimada y humillada por las decisiones de política pública del inquilino de Palacio Nacional, a sufragar.

    Delfina Gómez, con todo y los recursos y fuerza del aparato gubernamental, ha venido perdiendo terreno en los bastiones dominados por su partido y los morenistas: Ecatepec, Nezahualcóyotl y Chalco.

    Cuando arrancó su campaña el 3 de abril, Delfina en Ecatepec tenía garantizados alrededor de 450 mil votos, pero hoy tiene seguros cerca de 200 mil; Del Moral ya le arrebató unos 250 mil.

    En Neza la maestra Delfina inició su campaña con aproximadamente 300 mil votos y hoy cuenta con unos 150 mil sufragios: la candidata de Va por México ya le quitó prácticamente la mitad del pastel.

    Y en la alcaldía de Chalco, la ex secretaria de Educación Pública, de tener seguros alrededor de 150 mil votos al iniciar la carrera electoral, hoy tendría cerca de 70 mil votos en esa demarcación.

    Un margen de diferencia de apenas 4 puntos, que ya ubica al día de hoy a Delfina y a Alejandra en un empate técnico, ha encendido la maquinaria priísta, con Del Mazo, Alejandro “Alito” Moreno y los empresarios, por delante.

    Los operadores priístas en su mejor momento tenían la capacidad de voltear hasta 15 puntos a su favor la preferencia electoral, y si no que le pregunten a un Arturo Montiel, hoy postrado desde hace tres meses en el Hospital ABC, afectado con 150 derrames cerebrales.

    La próxima será la semana en la que el PRI echará toda la carne al asador para remontar a Morena. Alejandra inició la carrera totalmente sola, pero ya no lo está. Y lo saben en Morena.

    De lo que suceda en el Estado de México se definirá la ruta crítica de todos los partidos: PRI, PAN, PRD, Verde Ecologista, PT y Movimiento Ciudadano, de cara a las elecciones presidenciales del 2024.

    El resultado final de las elecciones en el Edomex se avizora tan estrecho, que se afirma se avecina un conflicto poselectoral y un choque de trenes con el Presidente Andrés Manuel López Obrador.

    EN EL CAMPAMENTO de Morena por supuesto que no hablan ni reconocen un estrecho margen entre Delfina Gómez y Alejandra del Moral. Sus números refieren una diferencia de dos dígitos a favor de la candidata guinda, específicamente de un un trecho que va entre 10 y 13 puntos. Dan por sentado y sin temor a equivocarse que la ex presidenta municipal de Texcoco arrollará a la candidata por la alianza PRI, PAN y PRD. Y más le vale a Claudia Sheinbaum que Delfina gane de manera contundente e inobjetable, porque una mínima diferencia que diera pie a un conflicto poselectoral, en este caso promovido por la alianza Va por México, pegaría en índice de flotación de la Jefa de Gobierno de la CdMx y “corcholata” puntera en las encuestas, y sobre todo en los afectos y ánimo del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Una victoria de Delfina que sea objeto de cuestionamientos equivaldría a dar por sentada una derrota electoral como la de junio de 2021, cuando Morena perdió la mitad de la CdMx. Sheinbaum ya no puede darse ese lujo.

    CLAUDIO X. GONZÁLEZ Guajardo no financia ni tiene ninguna relación con México Posibles, una iniciativa de un grupo de ciudadanos con ideologías e intereses diversos, que incluso se contraponen, pero que pugnan por un país que promueva instituciones sólidas, que impulse una verdadera cultura de legalidad y un Estado de Derecho. Esta plataforma surgió en el 2015 y en ella participan lo mismo empresarios que líderes indígenas, pasando por funcionarios públicos, artistas, sindicatos y políticos. Su conclusión es que México enfrenta una grave crisis en materia de ilegalidad, inequidad e inseguridad. Sus integrantes se reúnen de vez en vez para reflexionar y discutir los temas que afectan la marcha del país y proponer soluciones de bien común. Sus miembros aseguran que no tienen ninguna influencia de Claudio ni de la Alianza Va Por México. El próximo 9 y 10 de junio se reunirán en Ixtapan de la Sal, una semana después de las elecciones en el Estado de México y en Coahuila.

    POR CIERTO, LO dicho aquí el viernes pasado: no pierda de vista a Claudio X. González Guajardo. El activista está armando alianzas para buscar un puesto de elección popular. No le alcanza ya para ser candidato presidencial de la Alianza Va por México, pero sí para aspirar a una diputación o senaduría por la vía plurinominal, ya sea por el PAN que lidera Marko Cortés, o el PRI, de Alejandro “Alito” Moreno. Es un movimiento de tres bandas: continuar su lucha en el 2024 por la ruta parlamentaria, allanarse el camino para la grande del 2030 y conseguir fuero para lo que se ve será la transexenalidad de la 4T. Que tampoco le extrañe que otro personaje siga esos mismos pasos: Carlos Loret de Mola, que desde ese mismo grupo ha surgido como un precandidato. Aquí la misma lógica: blindarse y seguir abanderando con más fuerza y con su trabajo periodístico a los sectores opositores a la 4T, sobre todo a la clase media, la más golpeada y agraviada por el inquilino de Palacio Nacional.

    LA RELACIÓN DE ANDRÉS Manuel López Obrador y German Larrea ha sido históricamente mala. Sin embargo, ¿cómo fue que el empresario minero logró acercarse políticamente a quien siempre consideró “un peligro para México”, y éste accediera a darle entrada a quien toda la vida lo identificó como un destacado miembro de “la mafia del poder”? Fue la crisis del desabasto de gasolina que vivió el país en enero de 2019. Larrea puso a su disposición toda la red ferroviaria y vagones de ferrocarril que tenía para desplazar de las refinerías a los centros de distribución de Pemex toda la gasolina y diesel posible. La escasez duró 13 días, del 27 de diciembre al 20 de enero. Ese buen gesto le abrió posteriormente las puertas de la 4T y el primer y único contrato: el Tramo 5 del Tren Maya.

    MESES DESPUÉS, COMO mediados de 2019, Larrea se encontraría personalmente por primera vez con AMLO. Fue en la casa de Alberto Bailléres, dueño del Palacio de Hierro y el ITAM. A esa reunión en la que asistieron también Carlos Slim, dueño de Telmex; Claudio X. González Laporte, de Kimberly-Clark; Alejandro Ramírez, de Cinépolis, y Eduardo Tricio, de Aeroméxico y Lala. López Obrador se jaló a Larrea y le pidió un favor: “Júntate con Napoleón (Gómez Urrutia)”, el líder de los mineros que aquél había perseguido en el sexenio de Felipe Calderón, que se asiló en Canadá y López Obrador regresó a México como senador por Morena. Alfonso Romo, presente también, se ofreció como enlace. Larrea dijo que sí, pero esa reunión jamás se dio. Los agravios eran insuperables.

    AL FINAL CITI se libró de lo que pudo ser un pleitazo con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador si hubiera vendido a un particular Banamex: el pago de los impuestos. El Presidente ya había hecho cuentas. Si la operación se tasaba en los 7 mil 100 millones de dólares que había trascendido, la cuenta que sacaron en Palacio Nacional era de 2 mil millones para el fisco. Sin embargo en el cuartel general de Citi en Nueva York tenían otros datos. Para los financieros de Jane Fraser no había que pagar impuestos porque la venta no implicaba una utilidad o ganancia. Citi compró en 2001 Banamex a Roberto Hernández y Alfredo Harp en 12 mil 500 millones y habría vendido en 7 mil. Es decir, con una pérdida. Además habría sido una transacción realizada en Estados Unidos.

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