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    OpiniónEl niño que venció al diablo: Armina Wolpert

    El niño que venció al diablo: Armina Wolpert

    La Corte Penal Internacional (CPI), en La Haya, emitió una orden de arresto contra el presidente ruso Vladimir Putin. Lo acusa de estar involucrado en la deportación de niños y dice que tiene motivos razonables para creer que cometió los actos en los que estuvo involucrado directamente, además de trabajar con otras personas para ello. Es un hecho histórico y muy importante.
    Hablemos por qué.

    Opinión

    Por primera vez, Putin ha sido identificado como sospechoso de crímenes de guerra. Curiosamente, la primera sospecha que se presentó en su contra fue por el hecho del secuestro masivo y la deportación forzosa de los niños ucranianos.

    Después de ver tantos crímenes contra la humanidad durante este año, el tema de los niños era el menos público. 

    El secuestro de niños a quienes Rusia misma dejó huérfanos, privó de sus familias y hogares y luego los «rescató», llevándoles los forzosamente al territorio ruso, entregándoles a orfanatos o familias rusas a adopción para «reeducación». Se trata de uno de los ejemplos en la historia del mundo moderno de más cinismo y villanía.

    Un ejemplo de lo que quedó documentado: después de la reciente reunión del presidente Putin con la comisaria por los derechos de los niños del país, Maria Lvova-Belova, esta presumió al presidente que había adoptado a un adolescente de 15 años de Mariupol (ciudad ucraniana, casi completamente destruida y toda todavía bajo ocupación rusa).

    Belova se jactó ante el presidente de su nueva «adquisición».

    Probablemente, tan solo esta reunión sería suficiente para convertir a estos dos (Putin y Belova) en sospechosos de crímenes de guerra (lo que realmente sucedió); pero estoy segura que detrás de la decisión de la Corte Internacional existe un enorme trabajo de investigación y pruebas sobre más de 16 mil niños. Recuerde la cifra: ¡más de 16.000 niños ucranianos han sido secuestrados!

    Está claro que el arresto de Putin es irreal -por ahora-. Pero la sola acusación en sí es extremadamente importante. 

    ¿Qué significa, quién ya ha estado en este lado de la historia y cómo puede afectar la posición de Putin dentro de su país?

    Putin se ha convertido en el primer jefe de Rusia en la historia en ser procesado oficialmente por la justicia internacional.

    Putin se convirtió en el séptimo jefe de Estado en alcanzar el estatus de sospechoso desde los veintiún años de existencia de la corte internacional.

    Una orden de arresto para un jefe de estado es una práctica poco conocida.

    Putin se une al círculo de personajes como el expresidente libio, Gadafi (asesinado); el ex presidente de Sudán Albasheer (preso); el ex presidente de Liberia, Taylor (quien сumple una condena de cincuenta años) y otros. 

    Cada caso es único, es difícil buscar un patrón y tratar de adivinar qué pasará con Putin, pero el propio círculo de «colegas» dice mucho.

    El 1 de enero de 2000 Putin se convirtió en miembro del G8, un grupo de países con las  economías más industrializadas del planeta.

    23 años después, Putin se convirtió en miembro de los siete principales marginados de la humanidad en el siglo XXI.

    ¿Qué significa la acusación?

    123 países han ratificado el Estatuto de Roma aceptando la jurisdicción de la Corte Penal Internacional. México, por cierto, es uno de esos países. Esto significa que Putin no puede obtener una garantía de que no será arrestado en uno de estos países.

    También significa que ahora, en cualquier interacción de Rusia con el mundo o los movimientos de su presidente, será necesario tener en cuenta el estado del presidente de Rusia, quien tiene una orden de arresto penal en la mayoría de los países del mundo. De hecho, desde el punto de vista del derecho mundial, el presidente de Rusia se ha convertido en un criminal buscado que debe ser arrestado.

    Este es un cambio completo en el estado de Putin y de su país en términos de perspectivas para cualquier negociación. Este estatus no tiene nada que ver con la situación en el frente.  Incluso si la guerra termina mañana, si Rusia retira sus tropas del territorio de Ucrania, si se firma un tratado de paz, si comienza a pagar la indemnización a Ucrania e incluso si el propio Putin hiciera todo esto… Estos cargos no se retirarán porque los delitos ya se cometieron, los niños ya fueron secuestrados. Y estos delitos se clasifican como crímenes de guerra. Lo que significa que el presidente de Rusia nunca más volverá al escenario mundial ni llevará ninguna vida política (excepto en el caso de que enfrentara el juicio y sea  absuelto).

    El hecho de la acusación penal neutraliza por completo cualquier situación política. La posición de Putin ya no depende de las opiniones o decisiones de los políticos occidentales.

    Es simple: Putin está acusado como persona física de delitos penales. Las acusaciones no se cancelarán hasta que se emita un veredicto al respecto.

    Además de un cambio total en el estatus personal, estas acusaciones pueden crear un serio problema interno para Putin con su propia élite. Las personas que lo rodean y apoyan la guerra (con dinero, propaganda, etc.), ahora entienden que él ya no puede salvarlos. 

    Durante 23 años, Putin se salió con la suya en todo: apoderarse de partes de los territorios de Georgia y Ucrania; desatar una guerra en Donbass; utilizar armas químicas en Gran Bretaña… Todo ello no recibió una respuesta adecuada por parte de políticos del Oeste. La única respuesta fue: «profunda preocupación».

    Pero todo llega a su fin.  En algún momento, Putin se convirtió en una amenaza para la humanidad, y la humanidad comienza a hablarle no como un socio difícil, sino como una amenaza a eliminar.

    Lo que sucede ahora es un verdadero acto de DESACRALIZACIÓN. El mundo occidental ya no considera a Putin como un igual.

    Esto significa que Putin es débil, ya no es una «garantía» para las élites rusas. No podrá protegerlos y devolverles la maravillosa vida occidental que disfrutaban antes de las sanciones porque no se puede proteger ni a él mismo. 

    Hoy, cualquier oficial de policía de cualquier distrito, de cualquiera de los 123 países puede arrestarlo.

    Nadie necesita un zar así, y la élite rusa acaba de darse cuenta de que no hay futuro con él.

    Putin aún no ha recibido lo que se merece, pero lo que pasó es asombroso, porque fue el tema de los niños el que resultó ser el talón de Aquiles de su fortaleza.

    El legendario Banksy al parecer es un visionario. Fue él quien dejó en las ruinas de Borodyanka (el suburbio de Kiev) el grafiti de un niño haciendo una llave de judo  (Seoi-nage) a un adulto. El mismo Seoi-nage que trajo la desacralización y, por tanto, el inicio del fin de Putin.

    Lo deseo y espero junto con el resto del mundo, de la misma manera que las familias ucranianas esperan a sus niños de regreso a su casa y su país. 

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