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    OpiniónLa Cumbre del desperdicio: Carlos Loret de Mola

    La Cumbre del desperdicio: Carlos Loret de Mola

    Opinión

    Podemos burlarnos de que los mandatarios invitados tuvieron que soportar más de 40 minutos de monólogo de López Obrador. Podemos reírnos con los memes de sus caras durante la conferencia de prensa, del aterrizaje en el AIFA, de la hora con 10 minutos que le tomó al presidente Biden llegar a su destino, de la suspensión en La Bestia tras el camino brincoteado por los baches, las violaciones del protocolo. Lo de fondo es que, tras la Cumbre de Líderes de América del Norte, el saldo para México no se ve favorable. 

    A Biden le salió baratísima la visita. Lo único que tuvo que ceder fue aterrizar en un aeropuerto sin autorización. Concedido el capricho al anfitrión, todo lo demás fue recibir:

    Primero, la ofrenda de la captura de Ovidio Guzmán -29 muertos y estado de guerra en Culiacán- para poder regresar a Estados Unidos con el discurso de que algo se está haciendo para frenar las exportaciones de fentanilo México que causan la muerte de más de 100 mil ciudadanos americanos al año. 

    Segundo, la aceptación de México para que lleguen 30 mil migrantes al mes (cubanos, haitianos, venezolanos, nicaragüenses) que Estados Unidos va a mandar, y quienes por condiciones políticas y logísticas son los que llevan los procesos más difíciles y costosos de repatriación.

    Tercero, se lleva el sí de México para sus planes de reubicación de empresas en Asia (lo que López Obrador entendió como “sustitución de importaciones” en su setentera manera de ver la economía) y de semiconductores.

    Los tres temas, parte central de la agenda electoral del Partido Demócrata. Y agrego un cuarto asunto: ya cuando lo tuvo de frente, López Obrador no le reclamó la larga lista de supuestos agravios que desfilan en las mañaneras como parte de la propaganda oficial. Vamos, ni lo de las inversiones en energía.

    En 2005, George Bush fue el anfitrión de la primera Cumbre de Líderes de América del Norte (CLAN). Se anunciaba un acercamiento sin precedente en la relación México-Estados Unidos-Canadá, una invitación a la mesa grande para nuestro país. Siguieron 5 reuniones en 5 años consecutivos. Luego bajó el ritmo: de 2011 a 2023 se llevaron a cabo las otras 6 cumbres. Fotos, banquetes, reuniones largas, asesores de uno y otro lado. Llamadas, memos, acuerdos previos, meses de preparación.

    La Cumbre es una versión descafeinada de lo que fue al principio. Sí importan y sí pesan las constantes violaciones al TMEC, el agravio a las inversiones de los socios, el palabrerío que no cesa, las amenazas vacías, las burlas, el alinearse con los enemigos de nuestros amigos, el desconocimiento de la estrategia de cooperación binacional en temas de seguridad. Para nuestros invitados, CLAN se convirtió en un trámite que se cubre con un aterrizaje, un par de discursos medio huecos y un dejo de pesadumbre. Para México, en medio de la ola geopolítica más favorable de los últimos tiempos, otra oportunidad desperdiciada.

    SACIAMORBOS

    O para que lo entienda el presidente: le están tirando una recta de 95 millas en el centro del plato y él prefiere no hacerle swing.

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