32 C
Cancún
Más
    OpiniónSalto Yurchenko

    Salto Yurchenko

    Opinión

    No íbamos a participar. Íbamos a ganar.

    Natalia Yurchenko

    Nos sentamos junto al mar y hablamos. Mi maravillosa interlocutora vino de Chicago, es sutil y discreta, modesta y crea una increíble calma a su alrededor.

    Quién puede imaginar que estoy hablando con una estrella, la mujer quien hizo la historia en la gimnasia y recorrió un camino increíblemente interesante, no sólo deportivo, sino también personal. Ella fue el testigo de los cambios geopolíticos más dramáticos de nuestra era.

    Hablo con Natalia Yurchenko, una gimnasta artística soviética retirada que ganó la medalla de oro en todos los aspectos femeninos en el Campeonato Mundial de 1983. Ella es tres veces campeona del mundo entre 1983 y 1985 en la competencia de equipos e en forma individual. Natalia es reconocida por su gimnasia innovadora y atrevida, es mejor conocida como la creadora de “Salto Yurchenko” que consiste en una entrada redondeada hacia atrás en un salto mortal y luego realizar una serie de giros y volteretas.

    El salto es uno de los que tienen mayor grado de dificultad, bautizado por la gimnasta Natalia Yurckenko de manera oficial después que se realizó por primera vez en la Copa del Mundo de Zagred.

    Justo estos días todo el mundo se recordó se esté leyendario salto por Simone Biles quien realizo el mismo salto pero doble –“Yurchenko Double Pike” durante su participación victoriosa en el Clásico Estados Unidos.

    Natasha (el apodo cariñoso de Natalia) nació en la ciudad más septentrional del mundo: Norilsk. La ciudad construida por las manos de las víctimas de Stalin, en base de dolor y frio permanente.

    Pestañas congeladas, oscuridad y un viento helado.

    Sin embargo, todas sus historias sobre la infancia están llenas de una increíble calidez y respeto por las personas que la rodeaban. Valores, aspiraciones, sueños, el ambiente social de esta ciudad fría y tan sufrida, todo estaba impregnado de un deseo de superación, crecimiento y aprendizaje.

    Les costará imaginar la ciudad de la Unión Soviética de los años 70s, tan lejos de la capital. No sólo distancia física, sino también social e emocional. Una ciudad que estaba «cerrada», es decir los extranjeros no podían visitarla. En aquel entonces, en los años 70s, esta niña probablemente no vio ninguno de ellos.

    La televisión era la ventana al mundo de esta ciudad. Lo principal interés eran hacia los deportes. Al principio lo más atractivo era el patinaje artístico. Este deporte era increíblemente popular en la URSS, todos los patinadores eran las estrellas absolutas del país, eran adorados. Todo el mundo soñaba con ser patinador. Pero no había pista de hielo en Norilsk. Sí, en esta ciudad, donde la temperatura podía bajar hasta los 50 grados bajo cero, no había ni una sola pista de hielo.. Luego apareció la gimnasia. Aparecieron nuevas estrellas: las gimnastas.

    La pequeña y delgada Natasha comenzó hacer gimnasia, con delicadez y minuciosidad, como ella misma, completando las tareas asignadas al estilo de URSS: en nivel de país – el partido comunista establecía todas las tareas, al nivel de Natasha – el entrenador.

    La gimnasia se convirtió en el amor de Natasha. En un pequeño salón donde a veces era imposible entrar porque las entradas estaban cubiertas de nieve, los niños excavaban con palas los montones de nieve para entrar, Natalia trabajaba durante horas y saliendo ya esperaba el siguiente día para volver a entrenar.

    A los 11 años la llevaron de la casa a un internado deportivo en el otro extremo de este enorme país – a Rostov.

    Las condiciones en el internado deportivo eran espartanas: una habitación para varias personas, comodidades en el pasillo. Para llamar a los padres que se alojaban en Norilsk, había que ir a un centro de llamadas, hacer un pedido y esperar. A veces durante varias horas. No había tiempo para esto. Por lo tanto, desde muy joven, Natasha tomó todas los decisiones más importantes por su cuenta. La persona principal en su vida fue el famoso entrenador Vladislav Rastorotsky, con quien pasó de ser una gimnasta prometedora a una celebridad mundial.

    El entrenamiento era la vida misma. El entrenador es el Dios. Él es un maestro, un gurú, una madre y un padre, él es a quien vendrás tanto en la alegría como en la tristeza. Fatiga, dolor, fracaso, lesión. No hay una madre cerca, solo un extraño, para quien eres un proyecto y su propia ambición.

    En la Unión Soviética, en el mundo en el que vivía esta niña, los deportes profesionales no existían oficialmente, sólo los aficionados. Como se le podía llamar a aficionado un trabajo que requería separación de la familia, hasta 8 horas de entrenamiento por día y recibo de pago del estado. Sí, esta niña trabajó desde los 11 años y recibió un salario por ello, y este trabajo esculpió atletas de clase mundial.

    Durante los próximos dos años Natalia ya es parte de selección nacional de URRS. Empieza sus primeros viajes a extranjero. Uno de ellos era un viaje a Cuba. Un país cálido y muy colorido. Natalia recuerda cómo se impactó con los aguacates (está riendo) porque nunca vio esta fruta. Allí mismo en Cuba obtuvo su primer lugar en la competencia.

    La niña seguía con un trabajo más duro todavía porque para este nivel de deporte se requería más que repetir los logros de alguien más o ser más artística. Ahora se requería alcanzar un nuevo nivel de técnica, trabajar en lo que nadie había hecho antes. Su entrenador platicaba que vio de inmediato las habilidades únicas de Natalia, pero, además, su inteligencia y cualidades personales. “Ella es inteligente y trabajadora como nadie más”: dijo.

    En 1980 tuvo una lesión grave. La atleta no participó en competiciones durante casi un año. A muchos les pareció que Natalya Yurchenko dejó la gimnasia para siempre. Pero ella, apenas recuperada, siguió trabajando en saltos y elementos innovadores para su programa. Mas tarde, en Moscú, durante la competencia de 1982, ocurrió un momento histórico: Natalya Yurchenko realizó su famoso salto, que hoy en día en la gimnasia mundial se llama “Salto Yurchenko”, por su nombre, como la primera atleta que logró hacerlo.

    Demos la palabra a la heroína misma: “Estoy muy orgullosa y muy contenta de que hoy en día haya muchas gimnastas que realicen mi salto, pero pocas personas saben que el primer gimnasta que realizó este salto fue un gimnasta masculino! Fue inventado por el gimnasta ruso Viktor Levinkov durante las competencias nacionales en la antigua URSS. Pero el salto no fue aceptado en la gimnasia masculina rusa. Entonces mi entrenador decidió que debía hacerlo yo y comencé a aprenderlo. Al principio pensé que mi entrenador estaba loco y quería que me rompiera el cuello. Ni siquiera podía imaginar cómo podía hacer esto, sin ver dónde debía apoyarme durante el salto.

    Pero, como siempre, apretando los dientes, con los ojos cerrados por el miedo, comencé a aprenderlo. Al principio me caía mucho. La técnica es muy importante aquí, porque incluso los pequeños errores conducen directamente a una caída, que puede ser muy peligrosa, especialmente cuando caes de cabeza. Después de saltar mil veces, se volvió fácil.

    A fines de 1982, en el Campeonato Mundial en Zagreb, el jefe de la Federación de Gimnasia de la URSS agregó mi salto a la lista de nuevos elementos de gimnasia mundial. Fue aceptado y entró en la clasificación mundial de elementos y es muy popular entre los gimnastas por tener un peso importante en calificación y ser atractivo para el público.

    Con los años el salto se ha vuelto muy popular y ahora casi todas las gimnastas lo realizan, porque tiene un buen peso para los jueces y es atractivo para los espectadores”.

    Natalia habla de su infancia y, mirando al mar, sonríe: “¿Sabes cuánto me encanta venir a Cancún, y de hecho a México? Este es mi nuevo amor, me siento tan bien aquí. Este delicioso calor, gente maravillosa. Los mexicanos son increíbles. Siempre nos sonríen, nos sentimos tan bien y cómodos aquí, ¡no me quiero ir!”

    Hoy Natalya Yurchenko vive en Chicago, dejó Rusia en 1999 y abrió su propia Academia de Gimnasia en 2012 en Estados Unidos. Es un capítulo especialmente interesante para nosotros porque ella puede comparar la vida deportiva de los sociedades y épocas completamente diferente.

    P: “¿Cuéntame sobre tu Academia, en qué se diferencia trabajar con gimnastas de la sociedad occidental, a diferencia de cómo trabajaron contigo?”

    R: “La principal diferencia es que el deporte soviético era exclusivo, cerrado. Originalmente estaba dirigido a los deportes profesionales y los resultados. Por lo tanto, si un niño no demostraba habilidades, o no tenía la forma que exige tal o cual deporte, simplemente no era aceptado para la carrera en deporte profesional. La sociedad occidental en cambio es completamente abierta, aquí cualquier niño puede practicar cualquier deporte, en las primeras etapas de la educación no se enfoca en los resultados, se enfoca en el proceso mismo. También es gran diferencia en la actitud de los padres, nuestros padres confiaban plenamente en el sistema y en los entrenadores. En mundo occidental los padres están demasiado involucrados en este proceso, no confían en los entrenadores, interfieren y, a menudo, siguen los caprichos del niño.

    P: ¿Qué puedes decir sobre lo que le sucedió al médico del equipo estadounidense de gimnasia, Larry Nasser, cómo cientos de niñas fueron sus víctimas?

    R: “Para mí, esto es incomprensible cómo pudo ocurrir. Nosotros en la Academia, por ejemplo, tenemos una serie de reglas muy estrictas para el trabajo de un entrenador con los niños y sus familias.

    En primer lugar, las clases solo se pueden realizar a puerta abierta y nunca a solas. En segundo lugar, los entrenadores tienen prohibido comunicarse con la familia o el atleta por las redes sociales, todo es solo formal a través de correos electrónicos. Soy muy atenta que el entrenador no se acerque demasiado a la familia, que no haya demasiada confianza entre él y la familia, esto puede distorsionar la evaluación de la familia sobre el comportamiento del entrenador. Un entrenador no puede llevar a un niño en coche, no hay vestuarios en la Academia, etc.

    Estas reglas no dan ni la más mínima posibilidad de desarrollar percepciones o comportamientos incorrectos.

    P: “¿Qué consejo puedes dar a los padres que quieren que sus hijos tengan verdadero éxito en el deporte?”

    R: “Siempre les explico a los padres que para entender si un niño debe practicar tal o cual deporte necesitan al menos 8 semanas de entrenamiento y estar preparados para el hecho de que veremos los resultados no antes de 3 años.”

    Escucho atentamente a Natasha y recuerdo mis propios errores, cómo yo, como tantos otros padres, cambié el deporte para mi hijo en cuanto me lo pedía. Tal vez esta es la razón por la que nunca alcanzó grandes logros en él.

    Desde temprana edad ella entendió: si quieres lograr algo en la vida, debes aprender a resistir, no entrar en pánico en caso de fallas, no rendirte y pensar que cualquier logro es posible para uno.

    “Éramos muy decididos, no íbamos a participar. Íbamos a ganar”: dice Natalia.

    Al escuchar atentamente a mi heroína, entiendo que «Salto Yurchenko» tiene un doble significado. Este no es solo un gran logro deportivo, sino también una historia de vida. Un salto de otra época y realidad, a una nueva vida, oportunidades y logros. Por supuesto, solo fue posible gracias al increíble trabajo y dedicación de Natalia Yurchenko.

    Y aquí, en la playa caribeña, hablamos de todo: de nuestra infancia soviética, de la emigración, de la vida en diferentes países, de cómo la experiencia de la emigración hace a las personas más fuertes, pero por otro lado más flexibles por el hecho de que te tienes que adaptar a una mentalidad diferente.

    La brisa del mar acaricia nuestros rostros y Natasha dice: “¿Tal vez mi próximo país sea México? ¿Cómo te parece si me jubilo aquí?».

    ¡Claro, querida! ¡Ven y jubilaremos juntas!

    Nos reímos y centésima vez recordé que bueno que es para mí vivir aquí.

    Recientes