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domingo, abril 11, 2021
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    Un hombre maya con visión global

    Cosme Damián Uitz Araujo, un hombre maya con visión global

    Cosme Damián Uitz Araujo es un hombre de raíces sencillas, quien supo del mundo a la temprana edad de diez años. Se ha dedicado de manera autodidacta al estudio y difusión de la historia y cultura de Quintana Roo. Su sed por conocer más lo ha llevado a estar cerca de personas y lugares que han acrecentado su acervo, el cual ha podido plasmar en un par de libros que solo esperan ser publicados.

    Me recibe en su casa en la región cien, vestido con la dignidad de una guayabera blanca y la de saberse parte de una cultura ancestral. El penetrante olor a naranja agria y pimienta satura el ambiente y permanece suspendido en el aire durante largo tiempo. Cosme ha acomodado en una mesa larga una fila de libros, parte de su biblioteca personal, mayormente relacionados con la historia y cultura de Quintana Roo. Los hojea y ojea sin orden, me habla de su contenido y de los autores, muchos de los cuales conoce personalmente.

    “Tú eres la dueña de mi tiempo”, me dice, mientras nos acomodamos para empezar la entrevista.

    Le tomo la palabra. “Dame tus coordenadas”, le digo, y Cosme lanza una flecha al pasado, desde donde toman forma sus más arraigados recuerdos.

    “Nací en Izamal, Yucatán. Soy el número siete de una familia de doce hermanos. Me crie en la casa de mi abuelo los primeros diez años”. Cosme describe la vida familiar con detalle. “Soy niño campesino. Aprendí desde chico a “leñar”, a proveer a mi casa para que mi mamá cocine, a jalar agua del pozo para regar las naranjas, los limones, los aguacates, y hasta el charquito para los puercos; afuera había una huerta familiar donde sembrábamos rábanos, cilantro, tomates”. Por asuntos familiares, Cosme se fue a vivir con su papá. Estudió en la secundaria agropecuaria. Fue en ese entonces cuando, gracias a la maestra de ciencias sociales, viajó más allá de los límites de su ciudad, y abrió los ojos, en un inolvidable viaje a Palenque, al increíble mundo de la cultura maya.

    “Yo no tenía riendas, así que empecé a andar mi camino”. Se enroló en el servicio militar, que prestó en la Ciudad de México durante los siguientes cuatro años. Conoció muchos lugares, se embarcó en viajes que fueron ensanchando su corazón y mente. Cosme tenía muy claro que no quería casarse con una chica que no fuera de su pueblo. “Salía con muchachas y se extrañaban que yo no les faltara al respeto”, dice con velado orgullo.

    Habla de sistemas culturales. “Por ejemplo, lo que tú traes, lo que comes, cómo te vistes y hablas, todo eso es el sistema de ideas que gobierna la actitud humana”. Viene a colación el tema, pues fue a partir de esos viajes que empezó a interesarse por observar y entender otras maneras de vivir la vida.

    Después de sus viajes dentro y fuera de la república mexicana, Cosme regresó a su pueblo para casarse con una chica de Izamal, quien fue su compañera de vida hasta hace unos meses, cuando perdió la batalla contra el cáncer. “Mi mujer llegó en el 71, y transcurrió su infancia en Cancún. Su papá fue constructor de Cancún cuando apenas empezaban las construcciones. Recuerdo que contaba que en la avenida Yaxchilán había cavernas y grutas, y ahí vivieron ellos durante un tiempo”.

    En esos días, en Izamal se hablaba de “una montaña”. Resultó ser el lugar donde se extraía chicle. “Fue en Valladolid cuando vi en un letrero: Unión de Cooperativas Chicleras. Había por ahí señores con monos en los hombros, pájaros, periquitos. Traían sus sogas y sus machetes”.

    El nacimiento y crecimiento de Cancún absorbió los presupuestos designados a otros lugares, cuenta Cosme. Eso pasó con el ejido de Izamal. “Nos fuimos a la ruina, y ya no nos quedó más remedio que venir a vivir acá”. Llegó con su mujer y dos hijos, a finales del 87, aunque ya había venido cuando tenía diez años, con su hermano que era eléctrico automotriz y su tío. “Veníamos a reparar la maquinaria pesada con la que abrían las calles de Cancún”.

    La idea de vivir en Cancún le atrajo porque, a su parecer, no existía una identificación cultural. Mientras trabajaba como técnico automotriz, se dedicó a investigar todo aquello que fuera representativo de la región. En 2004, gracias a una entrevista que le hizo el periodista Justo May Correa, se da a conocer su trabajo. Esta no­ticia llegó hasta Chetumal. Cosme se ríe, solo de recordar. “Ahí dijeron, ¡ah, no, un yucateco no nos va a comer el mandado! Y entonces organizaron el primer foro para patentar el traje representativo de Quintana Roo. No me invitaron, claro, pero para el año siguiente yo solito me invité”, dice divertido.

    La pugna histórica entre el norte y el sur se hizo patente en Bacalar, en la Casa interna­cional del escritor: “Había aplausos para los de Chetumal, y abucheos para los de Can­cún”.

    Ese mismo año, Cosme registró su trabajo, Es­tudio general del folclor de Quintana Roo, la identidad cultural de nuestro estado”, donde detalla usos y costumbres en poblados y ciu­dades de nuestro territorio. No fue sino hasta 2017, cuando conoció a los fundadores de la Compañía de Danza Tradicional Xochiquet­zal, que llevó a la realidad la presentación for­mal de los trajes identitarios de Quintana Roo, junto con la música compuesta por él mismo.

    Quizá es debido a esta multiculturalidad exis­tente en Cancún que Cosme puede realizar su trabajo y anhelar a grandes cosas. “Es una ciudad muy moderna, en la cual no tiene por qué existir la corrupción y el caciquismo. Mi objetivo es que la gente conozca nuestros valores identitarios porque somos del primer mundo y los ojos del mundo están sobre no­sotros”.

    Actualmente es secretario de cultura de zona norte de la Asociación de Composito­res, Autores, Poetas, Escritores e Intérpretes de Quintana Roo. El solo nombramiento da a Cosme Damián la esperanza de que sea este uno de los puntales para derribar el muro que históricamente ha dividido al norte con el sur.

    Cosme habla del pasado como si le pertene­ciera. Y sí, le pertenece tanto como su presen­te y futuro. Es la suma de sus ancestros y sus sueños más preciados. Defiende la dualidad existente en los cancunenses, las mezclas que se dan de manera espontánea. Irreme­diablemente hace alusión a Gonzalo Guerrero, quien junto con Zazil (a quien, dice, se le han encontrado orígenes escandinavos gracias a la llegada de los nórdicos a nuestras tierras, mucho antes que la de los españoles), originó el primer mestizaje registrado en América.

    “Como hombre maya me ha tocado caminar muchos lugares del estado y conozco la his­toria y cultura de cada zona”. Tiene pendiente el registro de su trabajo, Leyendas y relatos de mayas mestizos, así como la grabación de la música folclórica moderna del estado de Quintana Roo. “Eso es historia y cultura viva de nuestro estado, y está en las manos de los autores, no en las universidades”. Por eso se ha empeñado en dar a conocer esta riqueza a sus habitantes. “Todos los ciudadanos quin­tanarroenses tienen el derecho de conocer su cultura, sus orígenes, para que se sientan or­gullosos de este lugar en el que les ha tocado nacer”.

    Y que han escogido, agrego yo, al igual que el mismo Cosme, como lugar para vivir y reali­zar sus sueños.

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