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sábado, septiembre 18, 2021
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    Opinión¿Qué pasa después?: Hugo Alday

    ¿Qué pasa después?: Hugo Alday

    Opinión

    Cuando tienes la experiencia de participar en competencias deportivas, ya sea fútbol, básquetbol, atletismo, natación o triatlón, siempre se llega a un punto de esfuerzo máximo y de alto nivel de adrenalina en el que tus compañeros se pueden convertir en tus rivales.

    En mi experiencia, es cuando ha llegado el momento en el que deseas incluso que la bicicleta se le ponche a media ruta a tu rival más cercano, o tal vez ruegas porque le falte el aire mientras corres más rápido para llegar a la meta y no porque seas una mala o perversa persona, sino porque pasaste meses entrenando para llegar a esa fecha y añoras triunfar.

    Sin embargo, una vez que cruzas la meta, te vuelves para platicar con tus compañeros de entreno, a quienes hace unos instantes ansiabas derrotar, y exponer tus experiencias de la contienda, así como para recibir sus comentarios con agrado y respeto, ya que vienen de alguien que se enfrentó a los mismos retos que tú y compartes por ello, experiencias de vida semejantes. Llegado el momento, acuerdas con ellos tu próxima salida a entrenar y vas a festejar o a darte una comida de carbohidratos para recuperar todo aquello que gastaron en este enfrentamiento.

    Lo mismo debería pasar en la política. Siendo esta mi primera experiencia en esa pista, pude ver sensaciones parecidas a las de la bici y la carrera, pero mucho más violentas. Pude sentir incluso miedo cuando en el video de vigilancia se aprecia el momento en que cobardemente un sujeto encapuchado rocía gasolina y le prende fuego a nuestro vehículo oficial en la noche previa a la elección.

    Pude también sentir coraje cuando de la misma forma cobarde, diversas personas en redes sin revelar su identidad amenazan, ofenden y agreden a los contendientes en esta competencia, llegando a la bajeza de ofender a los hijos de muchos de nosotros que nada tienen que ver en la carrera hacia la elección.

    Puedo entender que los ánimos se enciendan y que incluso puedan sacar el coraje en muchos de nosotros, obligándonos a apretar el paso y a alzar la voz. Pero jamás estaré de acuerdo en pasar la línea del respeto a los menores, de violencia de género y del respeto a la integridad física, moral o económica de los demás.

    ¿Qué pasa después? Ahora creo que viene la etapa de hacer un alto. De reflexionar en quienes suman y quienes restan. De saber qué tipo de sociedad queremos ser y qué tipo de país queremos forjar. De saber qué tipo de competidor soy. El que apura el paso en la carrera o el que ataca y pone el pie. El que ofende y agrede al final o el que felicita y se suma para entrenar de nuevo.

    Hoy es el tiempo de los ciudadanos. De sumar y de planear. De proponer y de exigir. De dar la cara por nosotros y por nuestras familias. Hoy es tiempo de construir desde la armonía y porqué no, de hacernos a un lado de aquellos que solo quieren criticar sin proponer.

    Hoy es tiempo de dejar de ser los cangrejos de la cubeta y poner el hombro para formar una escalera que nos sirva para crecer por el bien de todos.

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