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miércoles, septiembre 22, 2021
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    OpiniónLa historia de Decébalo, rey de Dacia: Hugo Alday

    La historia de Decébalo, rey de Dacia: Hugo Alday

    Opinión

    Corría el año 106 después de Cristo, cuando la Dacia (hoy Rumania) desapareció de la faz de la tierra junto con su pueblo, sus costumbres, sus dioses y su inmensa riqueza a causa de una sola persona que puso en riesgo a un pueblo entero por proteger lo que más le interesaba. Su oro y su inmenso ego.

    En efecto, después de una enorme agonía sin agua, ni comida, el pueblo Dacio fue arrasado en su totalidad por varias legiones romanas al mando del emperador Marco Ulpio Trajano, quien no solamente consiguió una de los más grande triunfos militares en el norte del imperio Romano para anexar una enorme porción de ricas tierras, sino que logró la obtención de uno de los más grandes tesoros de los que Roma hubiese dado cuenta en sus diferentes conquistas.

    ¿Pero cuál es la moraleja para los nuevos políticos ?. Sin duda para los que no conocen la historia y el perfil de Decébalo, no pueden entender la semejanza que tiene con algunos personajes del México moderno.

    Sin embargo, si hablamos de un hombre que traicionó a su pueblo, a sus propios dioses encabezados por “Zalmoxis”, que traicionó a su propia hermana, que traicionó la tregua de Roma, y que todo ello lo hizo para poder escapar acumulando la n tesoro invaluable que le costo desviar el río Danubio y su propia vida, creo que poco a poco nos empieza la memoria a recordarnos nombres del pasado reciente que traicionaron a su pueblo, a sus dioses, a sus familias, por acumular dinero y terrenos en el caribe mexicano.

    Hoy en día, a algunos ya les llegó la sentencia trajana y se encuentran luchando por su libertad y las de sus propias familias a las que embarraron en redes inimaginables de corrupción.

    Otros aún se encuentran retando a la ira de su propio pueblo y de los trajinos en turno, alimentando la idea que llevó a Decébalo a la muerte. La idea de la intocable omnipotencia del poder.

    Estemos atentos a los tambores de las legiones que ya se acercan para hacer justicia, tal como ocurrió en el 106 después de Cristo en Dacia, hoy Rumania. Porque nada es eterno. Porque la historia es cíclica en este bucle llamado política.

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