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    La desmemoria en los tiempos del Joker: Hugo Alday

    Opinión

    Hace ya varios días que en México no se escucha de otro tema que el de los errores del secretario de seguridad y protección, Alfonso Durazo en el intento de detención del hijo uno de los narcotraficantes más peligros en la historia de la humanidad, quien durante décadas logró no solo comprar conciencias para no ser detenido, sino que pudo encontrar la forma de fugarse hasta de a prisión de más alta seguridad del país por un túnel sin que nadie supiera ni escuchara nada.

    Se puede leer y escuchar a las plumas más cercanas y lejanas de los diversos partidos políticos del país, publicando sentencias condenatorias de un gobierno acéfalo, de un país derrotado y entregado al narcotráfico, vencido por un encuentro armado con una delincuencia que fue creciendo al amparo de décadas de corrupción y que de la noche a la mañana no va a desaparecer solo con una alternancia en el poder político.

    Sin embargo, yo no creo que la violencia y el narco poder nacieron hace unos días en Culiacán. La violencia en este país derivada de la delincuencia organizada nació desde que los encargados de la seguridad de los mexicanos vendieron la paz de todos a cambio de casas de lujo, de yates, de cuentas en dólares, de vehículos y relojes de alta gama. Allí murió la seguridad y nació la vergüenza de este país.

    A diferencia de miles de personas que se encuentran rasgando las vestiduras estos días, yo sí recuerdo cuando los hermanos Arellano Félix, después de asesinar a Juan Jesus Posadas Ocampo en Guadalajara y sembrar pánico en todo el mundo a principio de los noventas fueron casi escoltados por autoridades federarles para poder salir de la Colonia Condesa en la Ciudad de México sin problemas después de visitar al nuncio apostólico del Vaticano en México, y Carlos Salinas lo vendió a los medios como un acto heroico para mantener la paz.

    Recuerdo la renuncia y baja de militares y miembros de los GAFE (Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales) para crear el brazo armado del cartel del Golfo conocidos como los “zetas”, en alusión al color azul zeta de los militares en el sexenio de Vicente Fox, sembrando una ola de terror interminable.

    También recuerdo miles de vidas de mexicanos civiles y militares perdidas en la fatídica guerra del narco que felizmente anunciaba Felipe Calderón cada vez que tomaba, un micrófono, y que hicieron del nuestro un país en el no volvió nunca la paz.

    Para Peña Nieto, la seguridad de los mexicanos pasó de noche y como muestra, además miles de cuerpos de mexicanos descompuestos en fosas clandestinas por todo, todo el país, el colmo de la corrupción y podredumbre de las fuerzas armadas y militares, culminó con Ayotzinapa, y una versión de un procurador que negó una y cien veces las conclusiones de organismos internacionales, ante el silencio de las fuerzas armadas y policiales.

    Hoy, a 30 años del episodio de los Arellano Felix, es lamentable que por un lado el secretario Durazo haya generado ese breve pero sorprendente nivel violencia; y por otro, también lo es la magnitud con la que medios de comunicación masiva expusieron la nota.

    Creo sin duda, que los únicos que tienen memoria son los mercados, cuya sensibilidad fue evidente, ya que después de los treinta años que acabamos de recorrer en este artículo, el mercado ni se despeinó, mostrando que la bolsa se encuentra más curtida en la realidad de México que todos nosotros.

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